Me encanta mi país, amo a mi gente, amo mi paisaje. Me
encanta el lugar donde vivo, me encanta mi barrio. Me encanta la gente de mi
barrio. Me encanta, somos todos tan parecidos. Me gusta mucho porque el colegio
de mis niños me queda al lado. Y es un buen colegio. Es un colegio católico,
así que no temo por las malas influencias. Me encanta que sean todos católicos.
Me encanta el espíritu católico que hay. Aunque tenga que pagar 300 mil pesos
mensuales, los pago porque eso vale la formación católica de mis hijos. Y que
tengan amigos como ellos.
No me cuestiono en realidad, que habría dicho Cristo de este
sistema, en que sus colegios seleccionan a sus alumnos, por su cuna, padres y
billetera. No, porque lo importante es que ellos reciban buenas enseñanzas y
aprendan buenos valores. No me importa en realidad si más adelante mis hijos se
preocuparán por ser buenos ciudadanos, si tendrán idea de cual es el sueldo
mínimo o el precio de la micro, si les dolerá la guata y les dará vergüenza
vivir en un país infeliz y desigual. Porque lo importante son los valores que
ellos pondrán en práctica: serán buenos amigos, buenos padres, buenos hijos y
buenos hermanos. Y eso es lo importante. En realidad lo demás da igual. Da
igual que hayan nacido aquí o en la quebrada del ají. Su responsabilidad es con su familia
y su círculo cercano. Sí, eso es importante, porque así podrán en el futuro
casarse con alguien como uno y formar una familia con valores.
Eso de educación igual para todos, de sistema público me da
pavor. Por ningún motivo dejaría que mis hijos fueran a un colegio público,
quizás con que niños podrán estar. Y una educación laica, qué horror. ¿Dónde se
formarán como buenas personas, quién les dará valores? Dios me libre. Dios me
libre que recaiga sobre mí, tener que formarlos en la fe y en los valores. Dios
me libre que tengan que enfrentarse a otras formas de pensamiento y diversas
posturas, ¡siendo jóvenes, estando en plena formación! Porque ¿cómo los
convenceré yo de que nosotros tenemos la razón?¿Cómo lo haré? No, tendré que
pensar mucho. Prefiero que ni se hagan preguntas raras y mejor crean y
obedezcan sin caldearse mucho la cabeza. Para qué, si no hay tiempo para eso,
la vida hay que disfrutarla.
Aaaah, me encanta mi país. La gente es tan amorosa. Me encanta
mi barrio, mis niños, mi auto. Me encanta estar rodeada de gente que comparte
mis mismos valores. Gente profunda, de misa diaria, que tiene las cosas bien
claras. Nunca me iría de Chile, porque en el fondo, soy súper patriota. Aunque
me ofrezcan irme a Europa o Nueva York, aquí me quedo. En mi lindo país.
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